El experimento, liderado por el polémico Shoukhrat Mitalipov, ha usado CRISPR-Cas9. Pero, como decimos, no es el primero que lo hace, aunque los datos señalan a que la técnica no ha dejado de mejorar.

En 2015 ya se realizó una edición genética con CRISPR con embriones descartados por clínicas de fertilidad. Es decir, era una prueba de concepto: los embriones tenían serios defectos genéticos y no podrían haberse desarrollado en ningún caso.

Hace un par de meses, un equipo chino anunció que habían conseguido hacerlo en embriones viables, pero, por lo que sabemos, con peores resultados que los obtenidos ahora por el equipo estadounidenses. Es más, el enfoque de este experimento (que consigue la corrección en el momento de la ‘concepción’) no solo es original, sino que es verdaderamente impresionante.

La gran carrera biotecnológica

Asia va a seguir siendo el centro del mundo biotecnológico en humanos por varias razones, pero la fundamental la comentaba en Stat R. Alta Charo, experta en derecho y bioética de la Universidad de Wisconsin-Madison “este tipo de investigación es esencial si queremos saber si es posible hacer correcciones de forma segura y precisa”.

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Y mientras se lleva a cabo en otros lugares, “es hora de que la sociedad decida si quieren seguir poniendo obstáculos regulatorios a estos estudios”. En Estados Unidos, sigue estando prohibido usar financiación pública para realizar esta clase de investigaciones.

Esto coincide con la aprobación de la primera terapia génica de uso comercial en el país norteamericano. El tratamiento de Novartis, orientado a casos de leucemia con muy mal pronóstico, ha demostrado una efectividad del 82% en los ensayos clínicos. Si todo va según lo previsto, en septiembre empezará a utilizarse.

Y muchos expertos esperan que la normalización de este tipo de terapias allane el camino a un cambio social y legal. Y sinceramente, si no queremos quedarnos atrás bien hace falta. También en Europa y América Latina.